martes, 30 de abril de 2013

LOS BOSQUES DE ARTASO


Enclavado en el municipio de Ojacastro, encontramos el desconocido barranco de Artaso. Un pequeño torrente que desagua su flujo hídrico hacia la margen izquierda del río Oja, aguas abajo de la mencionada localidad. Su quebrada orografía queda camuflada entre la espesura de sus bosques, que tapizan por completo sus vertientes solanas y umbrías. A medida que nos adentramos por su cuenca, vamos notando como el  fondo de su valle se va haciendo cada vez más estrecho y angosto, hasta quedar encajado entre escarpados muros de roca sedimentaria. En los tramos más abruptos, sus verticales paredes llegan a superar los quince metros de caída.


Panorámica de las fragas húmedas de Artaso al inicio de la brotación foliar. 


Este modelado topográfico es frecuente en toda la zona media del río Oja, correspondiente con la presierra demandesa y es motivo de la composición lítica de sus suelos. En particular, están compuestos por conglomerados de origen Terciario, integrados mayoritariamente por cantos rodados, a la vez inmersos en una matriz arenosa poco coherente y suelta. Esta circunstancia propició una importante acción erosiva, generalizada en tiempos pasados, cuando la cubierta vegetal del entorno se encontraba muy diezmada por la acción del hombre y sus ganados, lo que favoreció el desarrollo de auténticos "tajos" o "barrancas".   A través de ellos, durante las épocas de crecida se canalizaban bravas corrientes de agua que eran capaces de arrancar y transportar ingentes masas de piedra y sedimento, seccionado progresivamente sus frágiles orillas hasta convertirlas en verdaderos precipicios. 

Acción erosiva del agua en funcionamiento. En este caso mitigada por la densa cubierta vegetal que cubre por completo el Barranco de Artaso. 


La importancia de este espacio natural radica en la extensión y estado de conservación que atesoran sus frondosos bosques caducifolios. Sus dominios superan las 500 ha de superficie

En la umbría, empezamos observando un tipología de rebollar húmedo que conforma un bosque mixto de gran valor y riqueza, en el se entremezclan además de robles; avellanos, cerezos silvestres, fresnos, arces y tilos. El estrato arbustivo es muy variado; con presencia de acebos, madreselvas, rosales, espinos, boneteros, hiedras y brezos. Esta pluriestratificación resulta imprescindible, pues sirve para conectar los posibles biotopos que se generan entre las copas de los árboles y el suelo del bosque, aumentando con ello su prosperidad y valía. Entre las hierbas vivaces destacamos las especies florísticas nemorales, adaptadas a vivir en los espacios más frescos, densos y sombríos de los bosques: Viola riviniana, Primula acaulis, Sanicula europaea, Lilium martagon, Doronicum plantagineum, Scilla lilio-hyacinthus, Asperula odorata, Melica uniflora. El grupo de los helechos cuenta con vigorosos y grandes representantes, lo que otorga al ambiente un sugerente matiz selvático primaveral. Por su parte, la proliferación masiva de líquenes y musgos, abrazando troncos, ramas y piedras, indica unas excepcionales condiciones de frescor y pureza del aire. 

La riqueza botánica y el aspecto selvático del bosque mixto en su facie más higrófila, sobrecoge al visitante primaveral. 


Doronicum plantagineum es una compuesta nemoral que forma laxas poblaciones en las inmediaciones de los claros herbosos del melojar. 


Los hayedos se encuentran en franca expansión, ganando terreno a costa del rebollar, al que desplaza y ahoga con el paso del tiempo. Los mismos, comienzan por ocupar las vaguadas más umbrías, para más tarde ir invadiendo cerros y divisorias, regenerándose eficazmente a la sombra de otras especies. Gracias a esto, podemos observar las diferentes etapas que componen la vida de un hayal. Desde sus primeras fases de colonización, en las que sus brinzales forma arboledas mixtas junto a otras especies, hasta sus últimos periodos de madurez, con vetustos ejemplares que sobreviven aislados y decrépitos. La observación de hayas mochas o descabezadas, con vestigios de ramaje horizontal, evidencia que el bosque pudo encontrarse más aclarado en tiempos pretéritos. Posiblemente por estar vinculado a antiguos usos rurales ligados a la extracción tradicional de maderas y leñas, al carboneo o a la voraz ganadería extensiva. 

La vistosidad y contraste del hayedo primaveral, copiosamente regado tras las lluvias, rivaliza con sus afamados tonos otoñales.


En un tramo de la garganta, podemos observar una incipiente tejeda, que cuenta con varias decenas de jóvenes pies que crecen guarecidos sobre el acantilado. En el fondo húmedo del barranco contamos con poblaciones relictas de la ciperácea Carex flexuosa y del arbusto Viburnum opulus, denominado Mundillo o Bola de Nieve, no citado en ninguna otra parte de La Rioja Occidental. 

Pequeños regatos estacionales alimentan las aguas de la barranca de Artaso.


La solana se halla algo más deteriorada que la umbría. Está cubierta por un dilatado rebollar de aspecto denso y cerrado, donde se cuentan demasiadas cepas puntisecas y envejecidas, esquilmadas por la sobreexplotación de antaño. Los desbroces y claras forestales son necesarios para mejorar la estabilidad y grado de salud de ésta y de otras valiosas masas autóctonas de robledal presentes en la ibérica riojana. En su parte final también se extiende la única formación de encinar que sobrevive en la zona montañosa del Oja, apenas supera las 10 ha de terreno. Sin ir más lejos, el fito-topónimo de Artaso tiene su origen en la voz vasca "arte-artadi", que significa encina, lo que sin género de duda hace honor desde antiguo a su pequeño bosquete de encinas. 

Todo esto y mucho más podemos contarte acerca del mágico e inexplorado bosque de Artaso ¿Existe un mejor lugar para hacerlo que en pleno corazón de dicho bosque?  

¡¡Ven con nosotros y disfruta del bosque!!

SILVESTRES EZCARAY
Turismo Diáctico de Naturaleza a Pie de Campo


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