sábado, 6 de julio de 2013

RUTA COLLADO URDIGA-ROBLEDAL DE TURGUEIZA


Este fin de semana pasado, SILVESTRES puso en marcha un estimulante ciclo de paseos formativos guiados, cuidadosamente programados por el interior los magníficos montes que conforman la comarca riojana de Ezcaray y sus alrededores. Esta novedosa iniciativa, pretende ofrecer al viajero visitante la oportunidad de conocer más a fondo el interesante marco paisajístico que circunscribe al territorio natural del Alto Valle del Oja-Sierra de La Demanda. Desde mediados del mes de julio hasta finales de verano se propondrán diversas actividades relacionadas con el senderismo deportivo y el excursionismo didáctico ambiental.

Las salidas están abiertas a todos los públicos. La organización únicamente aconseja tener en cuenta los desniveles y distancias que articulan los itinerarios propuestos, pues es la mejor manera de conocer su grado de exigencia y dificultad. Generalmente, diseñamos recorridos de carácter turístico-divulgativo, que no requieren demasiada preparación física. Para hacer más placenteras las excursiones, durante el verano  solemos recurrir a la frescura brindada por los bosques sombríos y los arroyos de montaña, así el caminar se hace mucho más fácil y agradable. Porque, al fin y al cabo, de lo que se trata es de compartir un buenas horas de monte y diversión, aprovechando su más absoluta tranquilidad. Descubriéndote la maravillosa Naturaleza que rodea a la benevolente villa de Ezcaray y sus montañas. 


Empezamos la temporada organizando una caminata por los montes de las cercanías de Ezcaray, Ojacastro y Zorraquín. Concretamente, por las denominadas Cuadrillas de Garay y Arrupia, localizadas a ambos márgenes del río Oja; en las que antiguamente se englobaban un buen número de las pequeñas aldeas que conformaban el dilatado Término Municipal de Ojacastro. El recorrido subía hasta el Collado Urdiga 1.226 m y tenía como atractivo añadido la visita al quejigal centenario de la Solana de Turgueiza.

El día despuntó sin nubes, claro y nítido, lo que nos permitió efectuar excelentes tomas fotográficas a lo largo del paseo. Especialmente, sobre la exuberante vegetación y el pulcro paisaje del entorno. Durante la salida tuvimos la suerte de ir acompañados por Alberto, apasionado naturalista que lleva visitando los montes de Ezcaray desde su más tierna infancia. Gracias a su gran entusiasmo y dedicación, el recorrido se hizo mucho más ameno y entretenido, aderezándolo con un amplio repertorio de curiosas anécdotas relacionadas siempre con la fascinante historia de la Naturaleza y todo lo que inabarcablemente gravita a su alrededor. Él mismo gestiona un blog con contenidos medioambientales muy originales y didácticos; NATURMENDI, no dejéis de visitarlo.


En la primera ascensión coronamos la Peña o Picota de San Torcuato 1.014 m, mítica atalaya desde donde se obtienen unas generosas vistas de toda comarca del Alto Oja; con los valles de Turza y Ciloria orientados hacia el este y oeste respectivamente. 

Subida al Santuario de Allende.

Campos de Allende recién segados. 

Calidez durante las primeras luces matinales. Ezcaray pueblo, con el Valle del Ciloria abierto a su derecha. 


La composición lítica de este paraje, constituida por rocas calizas del periodo Jurásico, beneficia la aparición de una rica comunidad florística asociada. Así, son abundantes las florecillas policromadas que se van alternando entre en los claros abiertos de la garriga arbustiva. A su vez, se ven escoltadas por un variado mosaico de pequeñas matillas aromáticas, en constante lucha por acomodarse entre los intersticios de los escarpes emergentes. 

Anacamptis pyramidalis es una bella orquídea silvestre que presenta un típico porte cónico-piramidal. Se cría en espacios abiertos y soleados, sobre suelos pedregosos calizos. Es muy común en nuestro valle. 


Desde este punto, emprendimos la bajada hasta la Dehesa Zaldua, amplia zona de pasto y robledal perteneciente al pueblo de Ojacastro. Aquí, tuvimos la fortuna de disfrutar del amistoso vuelo cercano de una pareja de alimoches, probablemente ya sumidos en las labores de crianza de la prole. 

Bajada y vistas sobre la Dehesa de Zaldua. Cuadrilla de Garay, Ojacastro. 



Desde este enclave, también pudimos observar la genial recuperación que está experimentando el bosque mixto de frondosas caducifolias que queda cobijado bajo los cantiles rocosos de San Torcuato, en su fachada norte. A los innumerables acebos, fresnos, arces, quejigos y hayas se suma la excepcional presencia de tilos de hoja ancha Tilia platyphyllos y sorbos silvestres Sorbus torminalis. La elevada cantidad de nutrimento que se acumula a los pies del farallón, permite el desarrollo de suelos fértiles, profundos y desarrollados. El recurso hídrico no suele faltar en estos lugares, pues la elevada permeabilidad de las calizas aflorantes suministra un flujo de agua casi constante, escurriendo desde lo alto de los peñascos superiores.

Tras cruzar la Vía Verde del Oja, nos dirigimos hacia la localidad de Ojacastro. En un principio, para acortar distancia, estaba planeado salvar el cauce del río Oja por el conocido Paso de los BueyesPero, como pudimos comprobar, las fuertes crecidas invernales habían terminado por arrastrar el tradicional vado confeccionado por largos troncos de madera; así que llegamos a Ojacastro por el puente de piedra que queda situado más abajo, próximo a la antigua estación de ferrocarril, y que da acceso al Barrio de Abajo o del Pisón. Ya en el pueblo, efectuamos una breve parada de refresco ante de afrontar la segunda subida del recorrido. A pesar de su significativo desnivel, la ascensión hasta el collado de Urdiga es más bien larga y progresiva, sin mostrar fuertes tramos en pendiente. Además, lo bueno que tiene es que se realiza mayoritariamente a la sombra de un tupido bosque de hayas, a la vera de un barranco que se prolonga a lo largo y ancho del extenso Monte de Barrotarna, en las demarcaciones del Valle de Masoga

Desde el paraje de Vista Allende, cercano a Ojacastro, se obtiene una amplia visión de todo el cordal de San Lorenzo. La Peña o Picota de San Torcuato, sobresale en primer término. 

La subida a Urdiga se efectúa bajo un sombrío bosque de hayas. Utilizando una amplia trocha forestal que se prolonga a lo largo del barranco de Barrotarna.

Vecinos de Ojacastro durante las labores de corta de leña. Las "suertes" o sorteos de leña, forman parte de los aprovechamientos comunales del Alto Oja. Cada año, la guardería forestal señala unos lotes de árboles adecuados
 que, tras una rifa, son adjudicados a los residentes empadronados para que efectúen su corta posterior siempre de manera controlada.

San Lorenzo visto desde las inmediaciones de Urdiga. En primer plano observamos la espesa arboleda que cubre el barranco de Barrotarna


Una vez arriba, las fastuosas vistas recompensaron con creces el esfuerzo realizado. Este año, gracias a las elevadas precipitaciones, la montaña se encontraba viva y esplendorosa. El verde intenso de las praderas se fundía con el fragor de los bosques turgentes, dibujando un paisaje primaveral de ensueño, más propio de finales de mayo o principios del mes de junio. 

Bucólica estampa primaveral del Alto Valle del Ciloria, con el recoleto pueblo de Valgañón a sus pies. En lo más alto, cimas de Torocuervo y Las Neveras

Agaricus macrosporus es un tipo de champiñón silvestre que vive en pastizales nitrogenados frecuentados por el ganado. Se caracteriza por su porte masivo y carne compacta. Presenta un ligero aroma almendrado que lo hace muy apetecible. Es un excelente comestible. 

La dorada floración de la pequeña leguminosa Lotus corniculatus, evidencia que el ganado todavía no ha subido a paladear el nutrido pasto de las campas altas de Chazpura.


Una vez superada la cota máxima, comenzamos el descenso surcando el escultórico quejigal centenario de Turgueiza. En este valioso biotopo natural, nos topamos con un bosque típicamente biestratificado; compuesto por un dosel superior de árboles viejos y aclarados entre el que se intercala una cohorte más baja de jóvenes y esbeltos robles, a menudo densificados, procedentes de la regeneración producida por semilla o bien de renuevos vegetativos, mediante brotes y chupones. El origen de esta estructura proviene de un antiguo sistema de explotación agroforestal, actualmente caído en desuso. Estoy hablando de las envejecidas dehesas u oquedales, o los también denominados montes huecos.

La antigua dehesa de la Solana de Turgueiza todavía conserva parte de su monumental arbolado centenario. 


Este genuino ecosistema ibérico, deriva en primer término del bosque mediterráneo original, en el que el arbolado era sometido por el hombre mediante diversos tratamientos culturales, con la finalidad de obtener un suministro equilibrado de recursos tanto en el espacio y como en el tiempo. En virtud de esto, el bosque se mantenía limpio y aclarado, con el objeto de estimular una producción constante de pastos y otros productos forestales, antaño imprescindibles en la economía rural de subsistencia. En cierto modo, lo que nuestra especie pretendía intentar a través de este ancestral régimen de intervención era conseguir imitar lo que la naturaleza ya reproducía por sí sola desde hace milenios. Pues la arquitectura tradicional propia de los montes y paisajes adehesados, ya existía de forma natural en los biomas de todo el arco mediterráneo mundial; pudiéndose diferenciar en sus ecosistemas desde finales del Mioceno, motivado en gran parte por sus particulares connotaciones bioclimáticas. 

En los montes adehesados son característicos los árboles trasmochos decapitados, repartiéndose de manera aislada sobre el terreno. Sobre estos ejemplares se practicaban tratamientos de poda a cierta altura del tronco, mutilando o descabezando la guía principal, lo que irremediablemente condenaba el crecimiento en altura del árbol. Después, era el sol el encargado de estimular el desarrollo de un ramaje más horizontal y copudo, así como la producción de abundante fruto promovido tras copiosas floraciones. Las cortas se efectuaban con una periodicidad de entre 7-20 años, según la funcionalidad de la materia prima a obtener: ramón para el ganado, leñas de hogar, bellota para ceba, madera estructural y para aperos, etc. Por su parte, la sombra proyectada por las anchas copas, favorecía el desarrollo y mantenimiento de un suculento estrato herbáceo de gran valor pastoral.  


Resulta curioso como algunos lugareños de Zorraquín llegan a recordar el grado de "saneamiento" al que estaba sometido dicho monte en la antigüedad. Tal era el caso que, los pastores desde las zonas más bajas del monte, solamente tenían que agachar un poco la cabeza, asomándose por debajo de los copudos robles, para alcanzar a vigilar al ganado que pastaba libremente en las partes altas. Sin tener la necesidad de acudir hasta el mismo lugar en sí. Hoy en día la situación es muy diferente. Los escasos ejemplares que permanecen añosos, tras superar las llamas de un incendio ocasionado por un rayo, apenas logran sobrevivir ocultos entre la cerrada maleza que coloniza las desvalidas dehesas de Turgeiza. Débiles y fatigados tras años de aprovechamiento intensivo. Aún así, su valor patrimonial y ecológico continúa siendo innegable. 


El caso de quejigal de la Solana de Turgueiza es muy llamativo, ya que es en este lugar del Valle del Alto Oja donde se ha logrado conservar la mayor cantidad de robles viejos. En los parajes de Las Majadas o La Quinzabala, encontramos situada la mayor concentración de pies centenarios. En Valgañón también existen varios rodales extramaduros, ocupando el área de El Robledal y los barrancos de La Dehesa, dignos de apreciación. Llama la atención como en el tramo de solana concerniente al Término Municipal de Ezcaray, no ha sobrevivido hasta la fecha ningún ejemplar poseedor de tales características. El motivo puede buscarse en las antiguas Ordenanzas Municipales que dictaminaban el régimen de aprovechamiento comunal de los montes públicos pertenecientes a los ayuntamientos locales. Parece ser que la villa de Ezcaray, por algún motivo, no respetó la continuidad del arbolado viejo bajo la estructura de dehesa o monte hueco. Un hecho que puede extrapolarse a un gran número de pueblos y comarcas forestales ibéricas, especialmente desde que se llevarían a cabo los históricos procesos desamortizadores. Además, a mediados del siglo pasado, un severo incendio forestal terminó por afectar a una buena parte de los dominios silvícolas de dicho monte, calcinado importantes zonas en el Borreguil, Labarena, San Quílez y La Dehesilla.

Los árboles trasmochos presentan un incuestionable valor estético, etnográfico y medioambiental


Como contrapartida, sí prevaleció intacto en el área de Zorraquín así como en algunas porciones del pueblo de Valgañón. Convirtiéndose hoy en día en un valioso legado etnográfico y forestal, vinculado a la historia y cultura tradicional de los pueblos serranos del Alto Oja demandés. En la actualidad se conservan pocos ejemplos de este tipo de bosque en toda la Comunidad de La Rioja. Los más cercanos los encontramos en el Alto Najerilla, por la Comarca de Las Siete Villas, al otro lado de la Sierra de La Demanda. También cerca del pueblecito de Cirueña, existe una bonita dehesa boyal que cuenta con más de un centenar de ejemplares enormes. 


Tras saborear  las benévolas energías transmitidas por un bosque de semejantes características, continuamos la marcha hasta el pueblo de Zorraquín y, tras éste, llaneando llegamos hasta Ezcaray. Una inolvidable jornada campera compartida con un público excepcional, que con arrojo supo apreciar la extraordinaria belleza paisajística que silenciosamente se esconde tras estos célebres valles riojanos. 


¡¡Gracias amigos!! Nos vemos en la próxima!! 

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