martes, 24 de marzo de 2015

FLORA DEL ALTO OJA: HIERBA ELÉBORO.



Aunque durante estos días fríos y grises no lleguemos a percibirlo, poco a poco iremos intuyendo el latido de la cercana época primaveral que se avecina. Al compás de las primeras entonaciones sonoras emitidas por la fauna aviar, emergerán por igual las primeras hierbas silvestres, adueñándose de los linderos y las claridades forestales. Se trata de la denominada flora vernal primaveral, propia de la suave estación que se aproxima. 

Dentro de este mismo periodo, algunas especies se caracterizan por su prematuro momento de floración. Hago referencia al grupo de las especies botánicas precoces. Aquellas mismas que consiguen aflorar con impetuosa vitalidad en un breve lapso de tiempo, y cuyos botones florales pueden observarse plenamente desarrollados incluso a finales de invierno, listos para irrumpir aportando las primeras notas de armonía y colorido al paisaje.

A excepción de algunos árboles frutales, en su mayoría se trata de pequeñas plantas no leñosas, que se sirven de algún medio como refugio para resistir ante las gélidas temperaturas de finales de febrero y comienzos de marzo. Las que viven al raso, utilizan el manto protector de la capa de nieve invernal, pues el agua helada se comporta como excelente aislante térmico que consigue resguardarlas de la cruda intemperie externa. Así, en cuanto se produce la primera fusión nival, rápidamente colonizan pastizales y praderas en zonas elevadas de montaña, antes de que la competencia por los exiguos recursos vaya creciendo con el grueso de la floración primaveral. Las que prosperan entre la espesura, aprovechan el cálido abrigo que llega a suministrar la cubierta arbórea y arbustiva, una apacible temperatura que puede superar en varios grados a la que se soporta en las afueras más expuestas. Como estrategia vital, muchas de las especies que vegetan en las áreas de bosque adelantan su ciclo reproductivo al de la brotación foliar de los mismos árboles que las brindan cobijo. Dicho comportamiento, es un respuesta a la intensa sombra que proyecta la posterior emergencia de las hojas nuevas caducifolias, ya que tienden a obstaculizar el tránsito de la imprescindible energía lumínica hacia los estratos inferiores del sotobosque. Esencial recurso que favorece el correcto desarrollo y el buen florecimiento de toda clase de planta. 

Así pues, la valía de este grupo de vegetales podemos decir que es encomiable. Y ésto es debido a que ingeniosamente han sabido sincronizar uno de sus momentos biológicos anuales más importantes, el de la reproducción, al efímero intervalo de bonanza climática que se produce entre los últimos días de invierno y la aparición de las hojas nuevas del arbolado que, como ya hemos dicho, las aporta protección, pero que también es capaz de sumirlas en una densa penumbra competitiva. Oscuridad que terminará por ralentizar el resto de sus funciones vitales a lo largo del año que sigue. Unas funciones que exclusivamente se limitarán al almacenaje paulatino de sustancias de reserva bajo la densa cubierta del bosque.  

Cada comienzo de primavera procuraremos comentar alguna curiosidad sobre estas interesantes y vistosas especies. Este año vamos hacer alusión a la hierba eléboro, una de nuestras platas forestales más frecuentes y abundantes en territorio riojano.

El eléboro forma parte de las Ranunculáceas, numerosa familia de plantas herbáceas que goza de una amplia distribución a nivel mundial. Entre otras características, las ranunculáceas se distinguen por poseer un gran número de especies que presentan sustancias tóxicas en sus tejidos, cuyos componentes tienen efectos nocivos sobre el sistema cardio-respiratorio. 

Tal nombre, tiene su origen en el griego antiguo y viene a significar: "alimento mortal", de la composición helein: hacer morir y bora: alimento. También podría estar relacionado con el vocablo semita helebar, que hace referencia a una especie tóxica perteneciente al mismo género botánico y que al parecer se empleaba para sanar la locura. 

En nuestro entorno, durante estas mismas fechas, podemos toparnos con dos especies de eléboro silvestre relativamente fáciles de distinguir. Por un lado encontramos al eléboro fétido Helleborus foetidus L. y por otro tenemos al eléboro verde Helleborus viridis L. Observemos pues sus principales diferencias a partir de varias imágenes descriptivas; en especial a través de sus hojasflores medio de vida:


*HOJAS. En ambas especies las hojas son de tipo palmaticompuestas, es decir, compuestas o divididas, con forma de palma abierta. Cada dígito se corresponde con un folíolo  que representa cada una de las porciones en que se divide dicha hoja compuesta. En este caso, como puede apreciarse en la imagen, cada uno de estos segmentos guarda una morfología alargada-lanceolada, con forma de lanza apuntada. Sus márgenes son ligeramente aserrados. Por su aspecto, suelen recordar a la icónica hoja de la marihuana. 

ELÉBORO FÉTIDO. Las hojas se presentan formado una roseta basal en la parte intermedia del tallo. Surgiendo del mismo nivel y conformando un único plano horizontal. Son de color verde oscuro. Con folíolos más estrechos, de consistencia coriácea


ELÉBORO FÉTIDO. Hojas en roseta basal, más oscuras y endurecidas. La cepa de esta planta llega presentar cierto grado de lignificación. La misma se prolonga a través de un corto rizoma subterráneo. Tras la floración, las hojas y tallo suelen persistir durante un año más en la planta sin descomponerse.


ELÉBORO VERDE. Sus hojas no forman una roseta basal. Pueden emerger a diferentes niveles a lo largo del tallo y las ramas. Son de un color verde más claro. Los folíolos claramente son más anchos y ostentan una consistencia más tierna al tacto. Sus márgenes aserrados también presentan unos dientes más pronunciados. Tras florecer, las hojas y tallos se marchitan y mueren, volviendo a emerger a comienzos de la siguiente primavera. 


ELÉBORO VERDE. Hojas no dispuestas en roseta, más claras y tiernas. El cuello de rizoma subterráneo no presenta consistencia leñosa



*FLORES. En ambas especies los pétalos están reducidos a pequeños tubos nectaríferos, que poseen dos ligeros labios en su parte superior. Se localizan en la base de un numeroso conjunto de estambres, formando una distintiva corona circular. Por su parte, los sépalos se muestran superdesarrollados, por lo que se suelen confundir con los pétalos. Una vez efectuada la fecundación, los pétalos y estambres se secan y terminan desprendiéndose de la planta, los sépalos persisten.

ELÉBORO FÉTIDO. Los sépalos se muestran conniventes, cerrados, sin llegar a fusionarse. En su conjunto forman una especies de campanilla que se dispone refleja, mirando hacia abajo. En su interior se refugian los pétalos además de los órganos reproductores de la planta. Ostentan un color verde claro amarillento, con el ápice ligeramente coloreado de púrpura. Cada flor viene protegida por una ancha bráctea foliar lanceolada, con margen entero y de la misma tonalidad que los sépalos. Las flores de este eléboro despiden un intenso olor desagradable. El citado hedor se utiliza con efecto disuasorio ante posibles casos de depredación así como para atraer a los insectos himenópteros que se encargan de su polinización.


ELÉBORO FÉTIDO. Flores más numerosas y cerradas, con forma de campanilla. El ápice de los sépalos está coloreado de rojo-púrpura. En la imagen observamos el fruto maduro. Se denomina polifolículo y se compone de tres folículos que se disponen coronados por un ápice picudo. El folículo es un tipo de fruto seco que se abre por una única sutura central. Su interior engendra un elevado número de semillas diminutas.


ELÉBORO VERDE. Los sépalos aparecen desplegados, más patentes a medida que la flor se va abriendo. El número de flores por cada planta es mucho más reducido. Su colorido es más verdoso. Las brácteas que las protegen son más estrechas y tienen un contorno lobulado-digitado. Al florecer no despide mal olor. En la foto también es posible apreciar la gran cantidad de estambres que componen el androceo o aparato reproductor masculino. 


ELÉBORO VERDE. Flores más abiertas, con sépalos patentes. Sin ápices púrpuras. Los folículos tienen un tamaño más reducido. . 



*HÁBITAT. Los eléboros son especies que viven cercanas a los bosques y sus claridades. Aparecen en sus linderos, entre matorrales y setos, en praderas protegidas, a lo largo de los caminos, etc.

ELÉBORO FÉTIDO. Vive en situaciones más expuestas y soleadas. Sobre suelos de naturaleza calcárea, secos y rocosos. En orlas y claros de quejigares, carrascales y hayedos. También bajo matorrales poco densos, cerca de senderos y caminos. Asciende menos en altura. En la foto se aprecian bien los ápices color púrpura de los sépalos.


ELÉBORO VERDE. Vive en condiciones de semisombra. Sobre suelos frescos de bosque ricos en materia orgánica, donde coloniza vaguadas y depresiones. Frecuente en hayedos, robledales y pinares umbríos. También habita matorrales, setos y pastizales húmedos. Es indiferente a las condiciones químicas del suelo, aunque rehuye de los suelos excesivamente ácidos. Asciende hasta cotas más elevadas. En la península medra la subespecie o raza geográfica occidentalis (Reut.) Schiffn., que alcanza una distribución sur-occidental en el continente europeo.


El eléboro es planta tóxica evitada por los animales fitófagos. Su ingesta puede provocar graves alteraciones digestivas, convulsiones, arritmia, adormecimiento y trastornos cardíacos. Las sustancias que lo provocan  son la heleborina y la heleboreína, con potentes efectos cardiotónicos. En la antigüedad, se utilizaba con frecuencia en medicina veterinaria para "purificar" la sangre de las reses. También como abortivo. El cocimiento de sus tallos y hojas en fresco se empleó para curar heridas y golpes de animales, mediante el popular y extendido remedio de mermasangres. En la actualidad se cultiva para abastecer a la industria farmacológica

Como amuleto terapéutico, contra los dolores de muelas, cabeza o garganta, se usaban las hojitas frescas o los restos de la raíz que se portaban colgados en el cuello o en una bolsita de tela en el interior del bolsillo. En las casa se incineraban restos de la planta para que el fuerte olor provocara la expulsión de las ratas, las moscas u otro tipo de males. Es una especie de gran importancia melífera, debido a la precocidad de su época de floración. Los abejorros del género Bombus hacen buen acopio de su valioso polen durante las primeras jornadas primaverales. La diseminación de sus pequeñas semillas es mirmecócora y se lleva cabo por las hormigas. 

Uno de sus nombres vernáculos más generalizados es el de hierba ballestera, pues los nativos solían utilizar los componentes tóxicos de esta planta para envenenar la punta de las flechas en momentos de confrontación tribal. Dependiendo de la región geográfica, ha recibido otras calificaciones como llaverabileñovedegambre fétidolecherina, pie de grifo... En la comarca del Alto Oja he podido recopilar la designación local de renabario

Debemos prestar atención para reconocer la hermosura de esta discreta flor carente de colores vistosos. En esta foto podemos apreciar todos sus delicados componentes tras la apertura del botón floral. Observamos cinco grandes sépalos verdes y ovalados. Seguidamente una pequeña corona de pétalos tubulares, transformados en recipientes nectaríferos. Después, un numeroso conjunto de estambres con las anteras blanquecinas. Y para finalizar, en el centro, tres ovarios carpelares con los apéndices alargados que compondrán el fruto después de la fecundación. 


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